Foto: prensa Efrain Torres

Colombia por ser un país violento históricamente, ve a diario violencia. Un colombiano consume cada día en medios de comunicación la violencia, que lastimosamente ha germinado en esta tierra, causando millones de víctimas y dejando un letargo inmenso en nuestra sociedad: somos amigos de la violencia.

La hemos naturalizado de tal forma, que ya no nos interesa lo que pasa a nuestro alrededor y peor aún, en casos en que si debería prender las alarmas en nuestra sociedad. Hago referencia explícitamente a la sevicia y la violencia a la que se han visto sometidos miles de niños en este país.

Sólo para citar un ejemplo, entre 2014 y el primer semestre de 2015 han sido más de 26 mil los casos que tuvo en sus manos Medicinal legal, cuando se trató de presunto abuso sexual. En lo que respecta al maltrato infantil, la cifra sobre pasa los 14mil casos. Sí usted hace la tarea y promedia estas cifras, los casos mensuales en el año 2014 por violencia sexual, fueron 1510; diariamente llegaban a Medicina Legal 50 casos.

Sólo para citar algunos ejemplos, en 2014 Bogotá, ocupó el primer puesto en delitos sexuales contra menores de edad, con la penosa cifra de 3385 casos. Le siguen Antioquia, con 2296; Valle del Cauca, con 1566; y Cundinamarca, con 1322. El que no se ha asombrado hasta aquí, con semejantes cifras, demuestra que somos un país que no sólo está acostumbrado a que esto se asuma de manera natural, sino además que estamos en manos de una justicia que es ineficiente al momento de establecer los correctivos necesarios para este tipo de comportamientos.

Ante el asombro que causó el informe que solicité a Medicinal Legal, radiqué un proyecto de acto legislativo encaminado a establecer en Colombia la cadena perpetua para autores de crímenes atroces, especialmente contra la niñez, como el caso ocurrido con el asesinato de los 4 hermanos de la familia, Vanegaz Grimaldo, en el departamento del Caquetá o casos más sonados como el de Luis Alfredo Garavito o el llamado Monstruo de los cañaduzales, Manuel Octavio Bermudez, que mató y violó a 21 niños. Esto sólo por mencionar algunos de estos perfiles delincuenciales.

Para hablarlo en palabras sencillas, este proyecto lo que busca, es abrir la puerta para que se reglamente la cadena perpetua, modificando el artículo 34 de la constitución. Aquí se deja claro que esta medida quedará a disposición de los jueces para casos excepcionales y estos casos, tendrán que ser reglamentados posteriormente por el mismo Congreso.

Cuando propuse este tema, algunos llamaron a mi puerta a decir que este proyecto era populista y que simplemente no podría solucionar la grave situación que vivimos con la niñez. Incluso, algunos citaron los derechos humanos para tachar este proyecto. Pero Para poder debatir este tema a profundidad, se debe tener en cuenta varios tratados internacionales a los que el país está suscrito, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles de 1981 que enmarca en el artículo 7: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes...”; o su artículo 10.3 que dice: “El régimen penitenciario consistirá en un tratamiento cuya finalidad esencial será la reforma y la readaptación social de los penados...”; En el mismo sentido se expresa la Convención Americana de Derecho Humanos de 1981 en sus artículos 5.2 y 5.6.

Allí es cuando pregunto: aunque el tema de resocialización tiene que seguir vigente en nuestro sistema carcelario, no es posible que pese más la voluntad y los derechos de un personaje de estos, que los de un niño o niña. Por eso, es que aún hoy sostengo que el sistema carcelario debe ser respetuoso de los derechos humanos y civiles procurando la resocialización de quienes caen presos, pero no por ello nuestra sociedad tiene que pasar por alto hechos atroces. La cadena perpetua puede existir, mientras se reglamente a partir del Estatuto de la Corte Penal Internacional (CPI), que en su artículo 110 establece parámetros para reducción o análisis de la pena impuesta. De esta manera sostenemos la partícula de resocialización en el sistema de justicia y a tiempo, podemos brindar mayores garantías para la protección de la niñez.

Este artículo contenido dentro del Estatuto de la CPI, establece que en caso de cadena perpetua, cuando el recluso haya cumplido 25 años de la pena, ésta podrá ser revisada estableciendo el comportamiento que lleva y sus condiciones psicológicas. Aunque creo firmemente que un violador serial de niños está dañado mentalmente y nunca se recuperará, por lo menos de esta manera se da al recluso la posibilidad de resocialización a pesar de la pena máxima impuesta. Basta con observar que este sistema ha sido aplicado en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia y Francia cuyos ordenamientos jurídicos prevén la cadena perpetua sujeta a revisión.

Para no darle tanto rodeo al asunto, quiero dejar claro que este es un trabajo que tenemos que emprender como representantes de la sociedad colombiana y no podemos permitir que nuestra niñez, ni ningún ciudadano en nuestro país, sea víctima de delitos atroces. No podemos seguir bajo un sistema judicial, que ve como se comenten los peores delitos y condena laxamente a gente que claramente representa un peligro para todos. La cadena perpetua debe ser discutida y reglamentada de una vez por todas en el país. Nosotros debemos garantizar que la niñez en Colombia sea una institución y como tal, sea respetada a toda costa y la ley impere cuando se trate de los derechos de una niña o un niño en cualquier rincón del territorio Nacional.